Las tres diferencias clave entre las tarjetas revolving y las de crédito convencionales

Seguro que has escuchado hablar mucho de las tarjetas de crédito revolving, ya que acumulan numerosas reclamaciones, pero no tienes muy claro en qué consisten y las confundes con las de crédito al uso. No son nada buenas para tu bolsillo. Pueden hacerte un agujero difícil de remendar al convertir tus compras en un crédito al consumo, solo que con unos intereses el triple de elevados (en el mejor de los casos) y sin tener que hacer el papeleo que conlleva un préstamo personal, lo cual es doblemente peligroso. En otras palabras, funcionan como un crédito preconcedido.

Existen tres diferencias importantes con las convencionales que hacen de éstas un producto menos malo. A saber:

Forma de pago
La principal forma de pago de una tarjeta de crédito es a mes vencido, es decir, todo de golpe a final o principios de mes, lo que no conlleva intereses. Se cobra cuando se aplaza la forma de pago, que puede ser a 3, 6 ó 12 meses, dependiendo de la entidad. Ojo, muchas se entregan con el aplazamiento activado por defecto, por lo que si te entregan una nueva confírmalo antes para que no te lleves sorpresas desagradables.

En cambio, las revolving están concebidas desde un principio como un producto para aplazar las compras (también se pueden amortizar a mes vencido). Todos los pagos que realices tendrán sus correspondientes intereses, ya que directamente te estás endeudando. Puedes elegir entre abonar una cuota fija o un porcentaje (suelen estar entre el 5% y el 25%), de tal manera que siempre pagas lo mismo. Los bancos suelen fijar un importe mínimo y máximo de amortización. Es decir que, si quisieras devolver más para liquidar antes las cuentas pendientes, no podrías a menos que la cancelases anticipadamente abonando todo de golpe.

Coste
Las tarjetas de crédito al uso, como hemos mencionado, no cobran ningún interés si se abona la deuda a mes vencido. En caso de aplazamiento, el interés se mueve en el mismo entorno que las revolving, en una TAE del 24% de media. En las convencionales el coste aumenta según el plazo elegido para amortizar. El problema viene con las híbridas. Si la cuota de amortización es muy baja, se agranda la deuda o, en el peor de los escenarios, se perpetua. Y es que los intereses se capitalizan, es decir, cuando la cuota no los cubre, el saldo pendiente se suma a la deuda de tal manera que se generan nuevos intereses para el mes siguiente, y así sucesivamente. Funciona como el interés compuesto de las inversiones, por el que el beneficio se va acumulando en el capital inicial haciendo que las ganancias crezcan de forma exponencial. Pues lo mismo, pero en negativo, eternizando la deuda. Lo advierte el Banco de España en su simulador.

Por ejemplo, si hoy decidieras aplazar 2.000 euros y quisieras devolverlos con una cuota de 50 euros mensuales, el importe total a abonar sería el doble. Es decir que la mitad serían nada menos que intereses y estarías pagando hasta mayo de 2026. Por el contrario, si amortizas 100 euros, la cosa se reduce considerablemente. Los intereses no llegan a 600 y la devolución sería en dos años. Este escenario, si uno no sigue tirando de ella (situación que explicamos en la tercera diferencia).

Disponibilidad
Ambas tienen limitado el gasto, pero en las revolving es más generoso y puede superar los 5.000 euros. No en vano, la disponibilidad funciona como un préstamo. Cuando se llega al tope, ya no se puede disponer de dinero, pero el truco está en que como uno va amortizando, el crédito nunca se agota. Como un gato intentando morderse la cola. Nunca la alcanza. Y este es el peligro, que de esta forma la deuda y los intereses se van elevando sin darnos cuenta.

En definitiva, las revolving son un crédito flexible e inmediato, pero como hemos visto, poco recomendable si se hace mal uso de ellas. Ahora bien, si se utilizan para pagos puntuales, como las vacaciones, que es un importe grande, y controlamos que la deuda no vaya en aumento, uno se la puede permitir. Además, tendrá asociado a la compra un seguro de viaje, que suelen llevar incorporadas las tarjetas, sean convencionales o híbridas.

No obstante, nuestro consejo es que, si tienes que financiar una compra, o la saldes a mes vencido o recurras a otro tipo de crédito más económico como el personal o al consumo. Si la tienes que utilizar, una vez que dispongas de dinero, cancela anticipadamente la deuda pendiente. Nunca caigas en la trampa de ir pagando diferentes compras porque acabarás atrapado en las redes de la revolving.

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